Hoy cumplo 30 años.
El fin y el inicio de una década.
De una era.
De una etapa que me espera allá, en lo aún inimaginable.
Y hoy, emotivo, comparto lo aprendido.
Entre malas y buenas decisiones. O bueno, solo decisiones.
Algunas causaron dolor. Otras me hicieron feliz. Ambas me forjaron. Ambas me volvieron quien soy.
De las decisiones se aprende. No vale la pena arrepentirse, aunque se quiera. Pero más allá de hablar de las decisiones, quiero hablar del por qué tomamos las decisiones que tomamos.
Mis primeros 10 fueron hermosos. Llenos de inocencia, juegos y travesuras.
Mis segundos 10 fueron difíciles.
Me sentía incomprendido constantemente. Solo. Abrumado por el concepto de identidad. Confundido por no entender el mundo, ni a mí mismo.
Me refugié en lugares oscuros y en otros hermosos, como la música y el ejercicio. Sin embargo, mi autoestima era un punto de quiebre.
Sin saber nombrar lo que sentía, me escondí en mi propia sombra.
Para mis segundos 10, ha sido un camino muy rico. De pura exploración y aprendizaje.
La primera mitad, marcada por la falta de conciencia y presencia.
La segunda, marcada por la búsqueda de eso mismo.
Y hoy, en el inicio de la tercera década, me abrazo. Me reconcilio conmigo mismo.
Porque inicia la puesta en práctica.
A construir con las herramientas que tengo. A usarlas. A ponerlas en marcha.
¿Qué sé?
Tal vez nada.
Tal vez mucho.
Al final, todos somos humanos.
Y de eso se trata la vida.
¿Ser parte del sistema?
A la mierda con eso.
Ser. Existir en nuestra esencia pura. Ese es el mayor triunfo, regalo y revolución.
Todo está sobrevalorado.
No somos tan importantes como creemos. De hecho, solo somos una parte.
El ego nos dice que somos todo. El centro del universo. Que todos nos ven.
Pero la verdad es que no importa en lo absoluto.
¿Vivir?
A tu manera.
Sí. Esa es la clave.
No necesitas más.
Ser mejor. Más fuerte. Más inteligente. Postear esa foto en redes sociales.
No.
Necesitas solo ser tú.
Y lo demás se dará solo.
No necesitas que crean en ti. Incluso, que te amen.
Pero sí necesitas hacerlo tú.
Creer en ti, a tu propio ritmo, a tu propia forma.
¿Lo demás?
Se dará solo.
Vivimos creyendo que tenemos que controlar todo. Que para ser o lograr algo tenemos que checkear cajas, listas genéricas, ilusorias y estúpidas.
Creemos que no somos suficientes.
Y nos hacen creer que para serlo necesitamos acumular ciertos elementos.
Ego.
Materia.
Absurdo.
Nada de eso es nuestro.
No nos pertenece.
Y no lo necesitamos.
Si te puedo decir algo sería esto:
No te tomes nada personal.
Nada en este mundo tiene que ver contigo.
Incluso lo que tú mismo haces, piensas y dices.
No eres tú.
En esto encontrarás la paz que necesitas. La calma para tomar decisiones. Para procesar lo que te pasa.
Nada realmente importa.
Vive por tus ideales.
Sé tú mismo.
Disfruta.
Vive feliz.
Haz lo que te gusta.
Y sé libre.
No necesitas ser nadie más. Lograr algo más. Tener algo más. Estar en otro lugar.
Ve por ello.
Si fracasas, estarás en el mismo lugar.
Pero si lo logras, valdrá la pena.
Cuida tu imagen. Lo que dices. Cómo vistes. Cómo te comportas. Lo que comes y piensas.
Tu cuerpo, mantenlo saludable.
Duerme.
Evita el alcohol y drogas. Tu cuerpo no las necesita.
Descansa.
Toma mucha agua.
Estira constantemente.
Muévete.
Danza.
Canta.
Corre.
Brinca.
Que la vida es corta y vale disfrutarla.
Esto te dará una base sólida para ser quien necesitas ser.
Podría escribir un libro.
Pero no hay clave, receta o manual para decirte cómo vivir.
No me creas, incluso.
Duda.
Mantente aburrido.
Descubre.
Observa.
No tengas miedo.
Porque si haces todo esto con amor, estoy seguro que va a ser la decisión correcta.
No hay amor que no sane.
Que no cuide.
Que no proteja.
Que no haga feliz.
Lo demás no es amor.
Y si no es amor, no vale la pena.
¿Por qué?
Porque es ego.
Y son opuestos.
Somos cambio constante.
Lo que sos hoy no serás mañana.
No vale la pena aferrarse a lo que va a cambiar, a lo que ya pasó o a lo que no existe.
De ahí nace el sufrimiento.
De no aceptar lo que somos, tenemos y sentimos.
¿La solución?
No te resistas.
Aunque duela, va a terminar.
Si te gusta, disfrutalo al máximo.
Que igual va a terminar.